Todo nuestro trabajo consiste en revelar nuestra habilidad interior de percibir la realidad en donde existimos verdaderamente. La realidad es permanente y eterna y lo único que nos hace falta es el sentido para reconocerla, sentirla, imaginarla y revelarla.
Pero para lograrlo, se necesita poseer los deseos adecuados, las vasijas espirituales (Kelim), que la persona misma ha preparado en su interior. Y la preparación sucede en dos etapas: El llamado para la corrección del deseo, la plegaria (MAN) viene primero, seguida de la recepción de la Luz desde lo alto (MAD), la fuerza superior que viene y nos corrige.
Necesitamos sentir en la plegaria (MAN) y la respuesta (MAD) en todas sus acciones, porque específicamente construyen los órganos de percepción dentro de nosotros que nos permitirán revelar la Luz Superior, el Creador. Es debido a esto que está escrito, “Es imposible alcanzar algo sin la fuerza de la oración”. Eso es porque necesitamos conscientemente atravesar por este proceso, precedido de nuestro deseo
Pero la pregunta es, ¿en dónde conseguir el deseo adecuado para la revelación de la Luz Superior, el Creador, una cualidad opuesta para la que no estamos preparados en absoluto? ¿Cómo pedimos y deseamos algo como esto?
M. LAITMAN
domingo, 13 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
Poco a poco
Las personas espirituales no son perfectas. Sólo mejoran, poco a poco, cada día.
El día de hoy, sé mejor de lo que fuiste ayer y peor de lo que serás mañana.
Yehuda berg.
El día de hoy, sé mejor de lo que fuiste ayer y peor de lo que serás mañana.
Yehuda berg.
jueves, 10 de marzo de 2011
dos fuerzas
Sólo existen dos fuerzas en el universo: la fuerza del otorgamiento, el Creador; y la fuerza de recepción, la creación. Comienzan estando opuestas una de la otra siendo la fuerza del Creador infinita, como un océano de Luz que está en reposo eterno. Y la fuerza de la creación comienza con un pequeño punto dentro de esta Luz de Infinito.
m. laitman
m. laitman
miércoles, 9 de marzo de 2011
cabala y marxismo
La diferencia entre las metodologías de Marx y la Cabalá para lograr una sociedad perfecta:
-Según la Cabalá, se utiliza la Torá, o sea, la luz de la corrección que provoca el cambio en la naturaleza del hombre.
-Según Marx, el cambio de la naturaleza del hombre es posible mediante la influencia de la sociedad, de las relaciones sociales.
Pero es posible que Marx supiera que estaba describiendo sólo la primera etapa de la corrección: la unión. Y después, al intentar unirse, la gente comprende la imposibilidad de cambiar su propia naturaleza y descubre la posibilidad de utilizar la Luz Superior para la unión.
Baal ha Sulam: El periódico Aurora, artículo, La crítica del marxismo.
-Según la Cabalá, se utiliza la Torá, o sea, la luz de la corrección que provoca el cambio en la naturaleza del hombre.
-Según Marx, el cambio de la naturaleza del hombre es posible mediante la influencia de la sociedad, de las relaciones sociales.
Pero es posible que Marx supiera que estaba describiendo sólo la primera etapa de la corrección: la unión. Y después, al intentar unirse, la gente comprende la imposibilidad de cambiar su propia naturaleza y descubre la posibilidad de utilizar la Luz Superior para la unión.
Baal ha Sulam: El periódico Aurora, artículo, La crítica del marxismo.
cabala y marxismo
La diferencia entre las metodologías de Marx y la Cabalá para lograr una sociedad perfecta:
-Según la Cabalá, se utiliza la Torá, o sea, la luz de la corrección que provoca el cambio en la naturaleza del hombre.
-Según Marx, el cambio de la naturaleza del hombre es posible mediante la influencia de la sociedad, de las relaciones sociales.
Pero es posible que Marx supiera que estaba describiendo sólo la primera etapa de la corrección: la unión. Y después, al intentar unirse, la gente comprende la imposibilidad de cambiar su propia naturaleza y descubre la posibilidad de utilizar la Luz Superior para la unión.
Baal ha Sulam: El periódico Aurora, artículo, La crítica del marxismo.
-Según la Cabalá, se utiliza la Torá, o sea, la luz de la corrección que provoca el cambio en la naturaleza del hombre.
-Según Marx, el cambio de la naturaleza del hombre es posible mediante la influencia de la sociedad, de las relaciones sociales.
Pero es posible que Marx supiera que estaba describiendo sólo la primera etapa de la corrección: la unión. Y después, al intentar unirse, la gente comprende la imposibilidad de cambiar su propia naturaleza y descubre la posibilidad de utilizar la Luz Superior para la unión.
Baal ha Sulam: El periódico Aurora, artículo, La crítica del marxismo.
jueves, 3 de marzo de 2011
La libertad
Desde un punto de vista general, consideramos que la libertad es una ley natural, que se aplica a todo lo que está vivo. Así podemos ver que los animales que caen en cautiverio mueren cuando se les niega la libertad. Y es un testimonio verdadero que la NATURALEZA no acepta la esclavitud de ninguna criatura. No en vano la humanidad ha luchado durante los siglos pasados para lograr cierta cantidad de libertad para el individuo.
este atributo que llamamos “libertad” es poseído por todo individuo intrínsecamente. O sea que puede actuar según su propio libre albedrío.
Sin embargo, cuando examinamos los actos de un individuo, encontramos que sus acciones le han sido impuestas y que ha sido obligado a actuar sin posibilidad de libertad de elección. En cierto modo, se parece a un guisado que se cocina sobre una estufa; no tiene ninguna elección aparte de cocinarse. La NATURALEZA ha apresado la vida con dos cadenas: el placer y el dolor.
Todas las criaturas vivientes carecen de libre albedrío como para elegir el dolor o rechazar el placer. Y la única ventaja que el hombre posee sobre los animales, es que puede hacer proyectos a largo plazo. Es decir, que puede aceptar una cierta cantidad de dolor a cambio de la esperanza de algún beneficio o placer futuro, a ser adquirido luego de cierto tiempo.
Pero de hecho no existe aquí más que un cálculo aparentemente comercial. Es decir que el beneficio o placer futuro será más grande que el dolor o la agonía que se ha accedido a asumir en el presente. Se trata sólo de un asunto de sustracción. Se sustrae el dolor del placer esperado, y como resultado queda aún una cierta cantidad de placer excedente.
Es así que sólo se busca el placer. Y a veces sucede que uno sufre porque finalmente no encontró el placer esperado del resultado de dicho cálculo, y se encuentra en déficit, puesto que el sufrimiento fue mayor que el placer obtenido. Todo esto se realiza al modo de los comerciantes.
Y estando todo dicho y hecho, no existe diferencia alguna entre el hombre y el animal. Y si éste es el caso, no existe libre albedrío alguno, sino meramente una fuerza de atracción que lleva hacia cualquier fuente de placer y que rechaza las circunstancias dolorosas. Y la NATURALEZA los conduce a cada lugar que elige por medio de estas dos fuerzas, sin pedirles su opinión sobre el asunto.
Incluso la determinación del tipo de placer o beneficio se encuentra absolutamente fuera del alcance del libre albedrío de uno. Por el contrario, obedece al deseo de otros. Por ejemplo: me siento, me visto, hablo, como. No hago todo esto porque quiera sentarme de tal forma, o conversar de tal otra; o vestirme así, o comer así. Lo hago porque otros quieren que me siente, me vista, hable y coma de esa forma. Todo se realiza de conformidad con los deseos de la sociedad, y no de mi libre albedrío.
Además, en la mayoría de los casos incluso hago estas cosas contra mi voluntad, puesto que me sentiría más cómodo comportándome de una manera sencilla y sin llevar un yugo. Pero en cada movimiento estoy encadenado a los gustos y modos de los demás que constituyen la sociedad.
Entonces díganme dónde está mi libre albedrío. Por otra parte si asumimos que la voluntad carece de libertad, entonces somos todos como máquinas que operan y crean por medio de fuerzas externas, que las obligan a actuar de tal manera. Eso significa que estamos encarcelados en la prisión de la NATURALEZA, la cual usando estas dos cadenas, placer y dolor, nos empuja y nos jala según su voluntad a donde sea que considere conveniente.
Entonces resulta que al parecer no existe tal cosa en el mundo como el egoísmo, ya que nadie es verdaderamente libre ni actúa por cuenta propia; y no soy yo dueño de mis actos; y no los llevo a cabo porque los quiera ejecutar, sino porque estoy siendo operado forzosamente, sin participación alguna de mi propio parecer. Por lo tanto el castigo y la recompensa desaparecen.
Y esto es bastante extraño no sólo para el ortodoxo que cree en Su providencia, y que confía en Él sabiendo que cada uno de Sus actos está dirigido exclusivamente para hacer el mayor bien. Es aún más extraño para aquéllos que creen en la naturaleza, ya que según lo antedicho, estamos todos encarcelados por las cadenas de la naturaleza ciega; sin conocimiento ni responsabilidad algunos. ¿Y acaso nosotros, que somos la especie elegida, cuya mente y conocimiento nos distinguen, nos habremos convertido en un mero juguete en manos de la naturaleza ciega que nos extravía quién sabe adónde?
M. LAITMAN.
este atributo que llamamos “libertad” es poseído por todo individuo intrínsecamente. O sea que puede actuar según su propio libre albedrío.
Sin embargo, cuando examinamos los actos de un individuo, encontramos que sus acciones le han sido impuestas y que ha sido obligado a actuar sin posibilidad de libertad de elección. En cierto modo, se parece a un guisado que se cocina sobre una estufa; no tiene ninguna elección aparte de cocinarse. La NATURALEZA ha apresado la vida con dos cadenas: el placer y el dolor.
Todas las criaturas vivientes carecen de libre albedrío como para elegir el dolor o rechazar el placer. Y la única ventaja que el hombre posee sobre los animales, es que puede hacer proyectos a largo plazo. Es decir, que puede aceptar una cierta cantidad de dolor a cambio de la esperanza de algún beneficio o placer futuro, a ser adquirido luego de cierto tiempo.
Pero de hecho no existe aquí más que un cálculo aparentemente comercial. Es decir que el beneficio o placer futuro será más grande que el dolor o la agonía que se ha accedido a asumir en el presente. Se trata sólo de un asunto de sustracción. Se sustrae el dolor del placer esperado, y como resultado queda aún una cierta cantidad de placer excedente.
Es así que sólo se busca el placer. Y a veces sucede que uno sufre porque finalmente no encontró el placer esperado del resultado de dicho cálculo, y se encuentra en déficit, puesto que el sufrimiento fue mayor que el placer obtenido. Todo esto se realiza al modo de los comerciantes.
Y estando todo dicho y hecho, no existe diferencia alguna entre el hombre y el animal. Y si éste es el caso, no existe libre albedrío alguno, sino meramente una fuerza de atracción que lleva hacia cualquier fuente de placer y que rechaza las circunstancias dolorosas. Y la NATURALEZA los conduce a cada lugar que elige por medio de estas dos fuerzas, sin pedirles su opinión sobre el asunto.
Incluso la determinación del tipo de placer o beneficio se encuentra absolutamente fuera del alcance del libre albedrío de uno. Por el contrario, obedece al deseo de otros. Por ejemplo: me siento, me visto, hablo, como. No hago todo esto porque quiera sentarme de tal forma, o conversar de tal otra; o vestirme así, o comer así. Lo hago porque otros quieren que me siente, me vista, hable y coma de esa forma. Todo se realiza de conformidad con los deseos de la sociedad, y no de mi libre albedrío.
Además, en la mayoría de los casos incluso hago estas cosas contra mi voluntad, puesto que me sentiría más cómodo comportándome de una manera sencilla y sin llevar un yugo. Pero en cada movimiento estoy encadenado a los gustos y modos de los demás que constituyen la sociedad.
Entonces díganme dónde está mi libre albedrío. Por otra parte si asumimos que la voluntad carece de libertad, entonces somos todos como máquinas que operan y crean por medio de fuerzas externas, que las obligan a actuar de tal manera. Eso significa que estamos encarcelados en la prisión de la NATURALEZA, la cual usando estas dos cadenas, placer y dolor, nos empuja y nos jala según su voluntad a donde sea que considere conveniente.
Entonces resulta que al parecer no existe tal cosa en el mundo como el egoísmo, ya que nadie es verdaderamente libre ni actúa por cuenta propia; y no soy yo dueño de mis actos; y no los llevo a cabo porque los quiera ejecutar, sino porque estoy siendo operado forzosamente, sin participación alguna de mi propio parecer. Por lo tanto el castigo y la recompensa desaparecen.
Y esto es bastante extraño no sólo para el ortodoxo que cree en Su providencia, y que confía en Él sabiendo que cada uno de Sus actos está dirigido exclusivamente para hacer el mayor bien. Es aún más extraño para aquéllos que creen en la naturaleza, ya que según lo antedicho, estamos todos encarcelados por las cadenas de la naturaleza ciega; sin conocimiento ni responsabilidad algunos. ¿Y acaso nosotros, que somos la especie elegida, cuya mente y conocimiento nos distinguen, nos habremos convertido en un mero juguete en manos de la naturaleza ciega que nos extravía quién sabe adónde?
M. LAITMAN.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Lo que sembre
Pregunta: ¿Si queremos corregirnos para traer bien a la humanidad, esto significa que deseamos otorgar?
Respuesta: Sí, y no. Supongamos que en mi casa tengo un problema y debo arreglarlo. Invito a un médico o un técnico, o hago otra cosa… ¿Para quién lo hago: para mi mismo o para los demás?
Todo depende del ambiente que determina nuestros límites. Una persona corriente se limita a sí misma. Una persona más desarrollada presta atención a su familia. La siguiente más desarrollada incluye en este ambiente a los vecinos, la cuidad, el país, el mundo y toda la realidad…
Si yo entendiera que la corrección del mundo se realiza a través del prójimo y que existe solo para esto, entonces todo lo que yo haga como algo exterior, lo hago como si fuera para mí mismo de todos modos. Y más, sí existo para corregir el mundo y esta es mi tarea, ante todo corrijo los deseos (Kelím) del mundo, entonces recibiré la respuesta a través de ellos.
Y por eso “lo que sembré” significa que me dirijo al mundo, hago el otorgamiento para él, impregno sus deseos y los llevo a la corrección. Entonces puedo esperar una respuesta del Creador. Y soy el primero que recibe esta respuesta, porque el mundo puede recibir la respuesta solo a través de mí.
(35200 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/13/11, Escritos de Rabash)
Respuesta: Sí, y no. Supongamos que en mi casa tengo un problema y debo arreglarlo. Invito a un médico o un técnico, o hago otra cosa… ¿Para quién lo hago: para mi mismo o para los demás?
Todo depende del ambiente que determina nuestros límites. Una persona corriente se limita a sí misma. Una persona más desarrollada presta atención a su familia. La siguiente más desarrollada incluye en este ambiente a los vecinos, la cuidad, el país, el mundo y toda la realidad…
Si yo entendiera que la corrección del mundo se realiza a través del prójimo y que existe solo para esto, entonces todo lo que yo haga como algo exterior, lo hago como si fuera para mí mismo de todos modos. Y más, sí existo para corregir el mundo y esta es mi tarea, ante todo corrijo los deseos (Kelím) del mundo, entonces recibiré la respuesta a través de ellos.
Y por eso “lo que sembré” significa que me dirijo al mundo, hago el otorgamiento para él, impregno sus deseos y los llevo a la corrección. Entonces puedo esperar una respuesta del Creador. Y soy el primero que recibe esta respuesta, porque el mundo puede recibir la respuesta solo a través de mí.
(35200 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/13/11, Escritos de Rabash)
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