lunes, 16 de mayo de 2011

Otorgar a dios.

El Creador nos dio la Cabalá, el método de corrección… para que con su ayuda podamos aprender a realizar acciones con la intención de beneficiar al Creador. Si no hubiera sido por el compromiso en la Cabalá por el bien del Creador,… no hubiera habido ninguna táctica en el mundo que pudiera ayudarnos a invertir nuestra naturaleza.


… Si la intención de uno en el estudio de la Cabalá no es para beneficiar al Creador,… no sólo su naturaleza no será corregida, sino que se empeorará: Su egoísmo será mayor que el que recibió de la naturaleza.

M. LAITMAN


COMENTARIO.

Nosotros somos el deseo de RECIBIR y dios es el deseo de OTORGAR, asi que aprendemos en kabbalah que la unica forma correcta de RECIBIR es solo para darle PLACER al CREADOR dándole la oportunidad de OTORGAR.

martes, 10 de mayo de 2011

EL SECRETO DE POR QUE SE NOS CONFUNDE

Nuestra naturaleza es el deseo, y sólo si este deseo está presente percibimos el mundo dentro de él. Mientras más grande sea el deseo, más percibe. Todos los objetos en nuestro mundo difieren uno de otro sólo por el tamaño del deseo. El deseo del nivel 1 es inanimado, nivel 2 vegetativo, nivel 3 animado, y nivel 4 humano. Si el deseo tiene la intención de disfrutar para sí mismo, entonces está en nuestro mundo. Si tiene la intención de dar placer a alguien más, entonces está en el mundo superior.

Se sabe que el placer sólo puede ser sentido según el grado en que uno tiene un deseo por este. En otras palabras, la Luz sólo puede ser recibida cuando hay una vasija.

Ocultar dos medidas quiere decir que un maestro cabalista debe crear un ocultamiento en un estudiante, el deseo de una medida, la necesidad por la revelación, y el ocultamiento de una medida más, para que este deseo por la revelación sea por el bien del otorgamiento. En ese caso el estudiante merecerá la revelación dentro de ese deseo corregido.

M LAITMAN.

viernes, 6 de mayo de 2011

COMO FUNCIONA EL OCULTAMIENTO DEL CREADOR

Pregunta: ¿Si el Creador creó todo tan perfecto en primer lugar, por qué debemos corregir algo?

Respuesta: Si, pero aun no estamos en el estado que Él creó. Estamos fuera de este, tras todo tipo de velos, ocultamientos. Esas pantallas tienen que ver sólo con nosotros ya que somos nosotros los que sentimos el ocultamiento.

El Creador creó sólo un estado considerado como el mundo de Infinito. Sin embargo, para sentir que estamos en realidad en este Infinito, necesitamos acumular todo tipo de experiencias.

Supón que alguien quiere halagarme con un platillo exótico, pero con el fin de que yo realmente aprecie su sabor, necesito un deseo por ello. Se supone que tenga una idea de qué es y cómo se come. De otra manera, no entenderé, como el granjero mencionado en El Libro del Zohar quién vivió en una granja toda su vida, sembraba trigo, y, hasta que visitó una ciudad, ni siquiera sospechaba cuántas cosas deliciosas se podían hacer a partir de este. Todo lo que conocía era el grano sin procesar.

Entonces, aun estando en el mundo de Infinito, lo sentimos como lo hace un burro, masticando el grano sin procesar. Excepto el simple “grano” y el “agua”, no deseamos nada más. No sentimos en la Luz de Infinito todas las delicadezas que el Creador ha preparado para nosotros.

¿Entonces cómo empezamos a desear la Luz que llena el Infinito y sentirla en todas sus manifestaciones, en toda su profundidad, con total claridad? No tenemos tal necesidad. Debemos crearla dentro de nosotros.

Con el fin de construir un deseo de oler la tarta más dulce en lugar del grano sin procesar, para sentir el Infinito en lugar de la Luz mínima Néfesh de Néfesh estando en el mismo estado y la misma Luz, necesitamos cultivar el deseo. El deseo crece mediante el ocultamiento, cuando se me muestra un poco de la Luz y después se oculta otra vez, expuesta y luego escondida. Esto es considerado “coqueteo”, juego.

Este es un juego muy serio ya que el ocultamiento incrementa el deseo. Así es como la Luz juega con nosotros, al exponerse y ocultarse. Por esto es que nos retiramos del mundo del Infinito y nos separamos de este mediante numerosos ocultamientos, hasta que acabamos en este mundo, en su ocultamiento total.

Todo lo que necesitamos es el deseo. Y en el instante en que lo obtenga, recibiré la preciosa “tarta”. Tan pronto como crezca un poco más, se me dará una delicia, incluso más grande. Con cada nuevo paso, necesito incrementar mi deseo, y la Luz superior comienza a iluminarme en toda su fuerza. Mi deseo me abre para conectarme con Él y le permite a Él entrar en mí.

El Creador creó todos esos estados desde el principio, pero de todo el Infinito, sólo puedes sentir la mínima Luz de Néfesh en este momento. Es porque no tienes un deseo propio para desear específicamente eso y para que sientas dolor por carecer de él.

El deseo tiene que ser totalmente nuevo, a diferencia de tu deseo instintivo. Lo recibes al forzarte, dominarte y luchar contra toda tu naturaleza. Cuando comiences a querer tanto esta Luz, será un auténtico deseo. En otras palabras, ¡Necesitas desear el otorgamiento!

En este momento, parece algo tonto por completo, cierto otorgamiento y amor extraño. Sin embargo, esas son simplemente palabras que nos son familiares pero significan un nuevo tipo de deseo que no existe aun en nosotros.


M. LAITMAN

miércoles, 4 de mayo de 2011

En realidad, nada es más importante que la educación.

La educación es un tema especial. Es interesante que la gente casi no hubiera pensado acerca de la educación en el curso de la historia humana. Una persona pequeña creció entre los mayores y aprendió de ellos. Los padres no necesitaron tomar clases especiales para aprender como criar a sus hijos.

Como los animales, nosotros practicamos la educación común y natural.

Los jardines infantiles y las escuelas aparecieron durante el periodo de industrialización, cuando la gente comenzó a trabajar en las fábricas y las madres también tenían comenzar a trabajar. Hasta entonces, la mayoría de los niños crecieron en casa de manera natural.

En realidad, nada es más importante que la educación. No me asombra que nosotros estemos experimentando una crisis en esta área. La gente nunca pensó que fuera a necesitar seguir cierto sistema en educación y que la generación que está creciendo requeriría de un acercamiento sensible. Digamos: ¿Quién nos enseña? ¿Qué criterio seguir, que método, que programa? En lugar de recibir educación en las escuelas, nosotros recibimos conocimiento.

En general, las escuelas aparecieron cuando surgió la necesidad de traer a los campesinos a las ciudades, porque ellos necesitaban que se les enseñara la gramática elemental y la aritmética para poder trabajar con maquinas industriales simples. La gente necesitaba que se les enseñara a leer y a entender los manuales. Este fue el principio de la institución escolar para las masas de doscientos años de antigüedad.

Nosotros prevemos la educación general como la continuación de las antigua sabiduría humana. No obstante, en esencia la gente solo comenzó a elevarse sobre el nivel animado en los siglos diecinueve y veinte.

La gente nunca pensó seriamente en una educación apropiada. ¿Qué deberá ser una persona cuando crezca? ¿Lo volvemos humano? Estas preguntas son ignoradas incluso hoy en día. Nosotros mandamos al niño a escuelas especializadas en matemáticas, física o computación, sin pensar en el individuo que se convertirá esta persona. ¿A quién le importa el individuo? Lo que importa es encontrar un buen trabajo en nuestra vida de “burgués”.

Además, esto está pasando por que la humanidad no ha llegado a un consenso, a una opinión común de lo que significa “ser un humano”. Nosotros le decimos al niño: “sé bueno con los otros de tal manera que ellos disfruten al relacionarse contigo”. A esto se reduce a menudo nuestra educación.

El problema es que la sociedad no demanda una conexión entre la gente. Y hoy, que hemos llegado a una crisis general, se destaca especialmente la crisis en la educación. Es así porque la generación joven son almas nuevas con nuevas demandas del nuevo mundo. Los llaman “niños índigo”, los llenan con Ritalina y piensan que ellos no nos entienden. En realidad nosotros somos los que no los entendemos; nosotros somos los que estamos atrasados en la vida. A nosotros no nos enseñaron a entender a estos niños.

Ellos demandan un desarrollo en un nuevo nivel. Similarmente, la persona a quien se le despierta el punto en el corazón deja de entender a otra gente que vive una vida común “corpórea”. Y nuestros niños también nos miran y no entienden: “¿Para qué vives? Nosotros no queremos tu vida, nosotros no estamos dispuestos a vivir como tú y somos incapaces de esto”.

Si queremos encontrar una conexión con ellos, necesitamos introducir un nuevo tipo de educación. Y aunque no alcancemos este papel, que es el escenario de transición ante la nueva generación, nosotros aun necesitamos completar esta etapa hasta el final.

M. Laitman

martes, 3 de mayo de 2011

COMO CONVIVIR CON LA NATURALEZA

Baál HaSulám, “La Paz”: cuando un elemento nos parece malo y dañino, no es sino una auto afirmación de ese elemento; que aun está en fase de transición, en su proceso de desarrollo. Por lo tanto, no podemos decidir que es malo y no es muy sabio de nuestra parte emitir un fallo sobre esto.

Este pasaje habla sobre personas con juicio y no de aquellos que, como animales, no saben donde viven, porqué, y con qué propósito. A diferencia de estos últimos, las personas que desean explorarse a sí mismas y a la naturaleza llegan a la conclusión de que vivimos en un mundo en evolución, comenzando con el Big Bang hasta este día. Los niveles inanimado, vegetativo, animado y hablante se desarrollan gradualmente, de las formas más simples a las más complejas.

Como resultado, no podemos hacer un estimado absoluto de nada, de ninguna criatura, acto, o evento ya que no podemos ver qué brotará de este al final. Sólo cuando la fruta en el árbol madura completamente podemos darnos cuenta que esa jugosa y dulce manzana está lista para deleitarnos.

Entonces veremos que debía pasar por todos los estados previos y cómo debía ser usada. Esto puede ser aprendido sólo al observar todas las formas intermedias, llegar al estado final, ver la forma final, y averiguar cómo aplicarla. Si, sin embargo, no hemos llegado al final de nuestro desarrollo, incluso en los niveles inanimado, vegetativo, o animado, no podemos decir que ya sabemos qué sucede. Después de todo, cada cosa es pesada y evaluada exclusivamente por el resultado final.

Todo se aprende por la experiencia. Un sabio no espía en el futuro, sino que hace conclusiones basado en el camino que ha recorrido. Por lo tanto, está dicho, “Nadie es tan sabio como el experimentado”. Entonces, no hay nada malo o bueno en el mundo; todo es necesario.

Todo tiene su lugar, tiempo, razón, y necesidad de existir, y sólo al final aprendemos que todo se suponía que fuera de la manera que fue. Sólo en la línea final podemos sacar alguna conclusión acerca de algo.

Esto se relaciona con todas las partes de la realidad, y aun más con nosotros. Sólo en la etapa final de la evolución podemos sacar conclusiones y expresar opiniones acerca de nosotros: Qué y quienes somos, porqué y con qué propósito.

Mientras tanto, con todas esas exploraciones, ganamos experiencia y aprendemos de nuestros errores. Finalmente entendemos que nada en la naturaleza debe ser borrado ya que no comprendemos las razones de ningún fenómeno. Previamente, el hombre quería transformar la naturaleza, “moldearla” para que se ajustara a él, lo que sólo empeoró las cosas.

Debemos interferir con la naturaleza lo menos posible y tratarla con extremo cuidado. En otras palabras, debemos restringir nuestro egoísmo y usarlo sólo lo necesario, como los animales. Después de todo, en este mundo, en nuestros cuerpos, somos similares a ellos. Y por lo tanto, no podemos tomar de la naturaleza más de lo que nuestro cuerpo necesita. Entonces, estaremos evolucionando en ella correctamente, sin dañarla.

En el “Prefacio al libro, Paním Meirót uMasbirót”, Baál HaSulám explica que incluso los sabios no cabalistas, como Platón y Aristóteles, solían advertir que no se pasara el conocimiento científico a las masas. Temían que las personas comenzaran a desarrollar tecnologías y a obtener de la naturaleza más de lo que el cuerpo requería, hasta acabar con la tierra.

Por lo tanto, debemos estar en armonía con la naturaleza para desarrollarnos en su ambiente de manera correcta.
M. LAITMAN

lunes, 2 de mayo de 2011

un solo boton.

A la larga, existe sólo una acción que depende de nosotros y con cuya ayuda podemos expresar nuestro deseo. Todas las otras acciones no funcionan.

Digamos que soy consumido por un ardiente deseo de hacer o cambiar algo, de mejorar mi vida. Existen miles de interruptores frente a mí en la pared. Yo sigo presionando los botones esperando ver algunos cambios, trato de entender si activé algo, mientras pierdo el hilo de la secuencia y me pierdo al localizar los botones…

Así es en nuestra vida: nos desorientamos por los numerosos “botones” que apenas si tenemos tiempo de presionar. “Relájate”, aconsejan los cabalistas. “De esta manera, no tendrás éxito. Existe sólo un botón que necesitas presionar para sentirte bien. Si presionas alguno de los otros, te sentirás mal”.

¿Entonces por qué están ahí los botones?, son necesarios para que, mientras hacemos intentos en vano, nos volvamos más listos y encontremos el botón adecuado. Este camino es considerado como “el camino del sufrimiento”.

Pero existe otro camino, “el camino de la Torá”, donde la persona recibe instrucciones: “No toques ningún otro botón de la pared porque va a empeorar las cosas. Después de todo, piensas que funcionan y esperas buenos resultados. El tiempo transcurre, mientras continúas poniendo tus esperanzas y aspiraciones no en el Creador, no en la única fuerza actuante en la realidad. En otras palabras, estás sirviendo a ídolos. Aparte, al tener las mismas expectativas, estás retrasando cada vez más el ritmo de corrección predeterminado. Como resultado, cada botón presionado incorrectamente y el retraso que le sigue, lleva a consecuencias negativas”.

¿Entonces cuál es la solución? Necesitamos encontrar el botón adecuado lo más rápido posible. En el artículo “La libertad” Baál HaSulám explica cómo se hace. Si sigues regresando al mismo botón, presionándolo cada vez más fuerte, consigues abrir la fuente de la abundancia, que te corrige y te llena con todo lo bueno que existe.

Ese es el único botón que enciende todo el sistema, mientras que todos los otros no están conectados a nada. Al presionarlos, sólo te provocas molestias, en lugar de activar el único mecanismo del que dispones. De la misma manera, la inactividad naturalmente te trae problemas. Los engranajes de la realidad continúan rodando, y si no contribuyes positivamente con estos, el sistema automáticamente se desliza hacia lo negativo.

Es por esto que es necesario encontrar el botón correcto entre todos los otros y entrenarte para presionar sólo este, sin cometer ningún error. Esto constituye nuestro trabajo ¿quién no busca la suerte? De esto se trata la “suerte”.

m. laitman

domingo, 1 de mayo de 2011

SIGNIFICADO DE PEDIR A DIOS

¿Qué significa pedir al Creador y cómo podemos pedirle algo de Él? ¿Podemos decir dentro de nosotros: Corrige mis cualidades?

Respuesta: cuando la persona comienza a hacer esto, él se vuelve hacia el Creador como si Él fuera un individuo, una autoridad y una fuerza externa que está afuera de él como si él estuviera orando a un “ídolo” o a alguna imagen imaginaria. Pero no puedes hacer nada respecto a esto. Así es como imaginamos al Creador en un principio.

Sin embargo, más tarde comenzamos a revelar que esta fuerza existe sólo dentro de nosotros, de acuerdo con la prohibición, “No te harás otros dioses”, es decir aquellos que están fuera de ti.

Nosotros ahondamos adentro más y más profundamente, donde descubrimos que está localizado el Creador, precisamente en nuestro punto más profundo. Es como tu mamá, quien te dio la vida y por esto tú la percibes como la fuerza más intima que te creó, la cual es tu punto de origen, tu fuente. Así es como la persona siente al Creador.

El Creador comienza a sentirse dentro de ti como la fuente de energía, sentimiento y razón más intima.

M. LAITMAN